Signos Modic
Qué son
Los “signos Modic” son unas imágenes que se observan en las resonancias magnéticas de algunos sujetos y reflejan cambios en la consistencia del hueso vertebral. Pueden ser de tres tipos: se asume que el tipo I refleja la inflamación de la vértebra, el tipo II su degeneración grasa, y el tipo III su regeneración ósea.
Inicialmente se creía que los signos tipo I tendían a evolucionar hacia el tipo II y, después, al tipo III. Sin embargo, los estudios más recientes demuestran que, aunque eso puede ser así, los signos son dinámicos y pueden pasar de un tipo a otro y no siempre en la misma dirección; por ejemplo, un tipo II puede evolucionar a tipo III, pero también a tipo I.
Cómo se producen
Por una parte, la aparición de esos signos ha demostrado asociarse a la existencia de signos de degeneración discal avanzada. En esos casos, todo apunta a que no son sino una manifestación más de esa degeneración.
La relación entre la degeneración discal y los signos Modic podría ser biunívoca:
Por una parte, la pérdida de capacidad de amortiguación del disco podría aumentar la carga que soporta la vértebra, causando microfracturas y desencadenando la inflamación que se observa en los signos tipo I. Después la degeneración grasa se observaría como signos tipo II y, finalmente, la “cicatrización” del hueso o “regeneración ósea”, se observaría como signos tipo III.
A la inversa, las alteraciones en el hueso vertebral podrían dificultar la perfusión de nutrientes desde la vértebra al disco, que ya de por sí recibe una irrigación muy pobre, lo que podría acelerar su degeneración.
Por otra parte, una hipótesis defiende que, en algunos casos, la inflamación que reflejarían los signos Modic tipo I podría deberse a una infección por ciertas bacterias (como la “Cutibacterium acnés”, que se encuentra habitualmente en la piel), que podría mantenerse en algunos casos en los que también aparece degeneración grasa y se observan signos tipo II.
La hipótesis asume que esa bacteria puede pasar a la sangre (por ejemplo, al cepillarse los dientes) y después pasar al disco intervertebral, especialmente si existe una hernia discal. Una vez infectado el disco herniado, la bacteria podría acantonarse allí. La pobre irrigación del disco intervertebral facilitaría que la bacteria fuera relativamente inaccesible a los ataques del sistema inmunitario, lo que ayudaría a que se mantuviera en el tiempo. Ese relativo aislamiento, así como el hecho de que no se tratara de una infección particularmente virulenta que destruyera rápidamente los tejidos, también explicaría que no causara síntomas generales, como fiebre. Sin embargo, esa infección local crónica podría causar inflamación y dolor, y al cabo de cierto tiempo podría extenderse a las plataformas vertebrales adyacentes al disco, desencadenando la aparición de signos Modic tipo I en esas vértebras (y, eventualmente, pudiéndose mantener en algunos casos en los que apareciera degeneración grasa y los signos Modic evolucionaran a tipo II).
De acuerdo con esta hipótesis, lo que sugeriría el posible origen infeccioso del dolor sería la combinación de:
- Aparición de signos Modic (especialmente tipo I -y, posteriormente, eventualmente, también tipo II -)
- En las plataformas vertebrales adyacentes a una hernia discal,
- En pacientes con dolor lumbar crónico (con o sin dolor referido) que no responde al tratamiento habitual.
Esos son esencialmente los criterios con los que se han seleccionado a los pacientes en los estudios en los que se ha evaluado la eficacia de los antibióticos en esos casos.
Síntomas
Los estudios iniciales sugirieron que los signos Modic eran más frecuentes entre quienes padecían dolor de espalda que entre quienes no lo sufrían, y planteaban que, especialmente los tipos I y II, podían causar dolor. Además se creía que también servían para identificar a los pacientes en los que, a diferencia de lo que está indicado en el conjunto de los pacientes con dolencias de la espalda, el reposo podía ser beneficioso puesto que, conceptualmente, reduciría la carga que sufre un hueso que, en la fase en la que se observan signos Modic tipo I, se asume que habría sido fracturado.
Eso llevó a algunas asociaciones de cirujanos a plantear que los signos Modic podían usarse como un “indicador” que permitía identificar a los pacientes en los que la degeneración discal era grave, el hueso había “fracasado” y era necesario operarles para realizar una “artrodesis instrumentada”.
Sin embargo, ese tipo de cirugía no ha demostrado sólidamente ser más efectiva que el ejercicio y estudios posteriores, realizados con métodos más rigurosos, demostraron que los signos Modic resultan clínicamente irrelevantes. De hecho, se observan menos frecuentemente entre los enfermos crónicos que entre los sanos que ni tienen dolor, ni han tenido episodios relevantes de dolor de espalda a lo largo de su vida.
Así, los estudios disponibles hoy en día demuestran que las alteraciones que reflejan los signos Modic son probablemente una “manifestación más” de la degeneración discal, pero ni son una causa de dolor, ni modifican el tratamiento ni pronóstico de los pacientes.
De acuerdo con la hipótesis sobre el origen infeccioso de algunos casos de dolor lumbar crónico, los signos Modic serían potenciales indicadores de esa causa, pero no el origen del dolor en sí mismo.
Realmente, los signos Modic no han demostrado ser en sí mismos una causa verosímil de dolor de espalda.
Riesgos
Ninguno; todo apunta a que no es más que un hallazgo casual, carente de relevancia, o, en algunos casos concretos, un eventual indicador del origen infeccioso del dolor. Actualmente, no hay pruebas científicas que demuestren que el presentar signos Modic suponga algún riesgo.
Tratamiento
De acuerdo al conocimiento científico disponible actualmente, ni son una enfermedad ni requieren tratamiento.
No tiene sentido plantear la cirugía por “signos Modic”. Algunas asociaciones de cirujanos han propuesto que se fijen las vértebras de los pacientes con dolor lumbar crónico en los que se observan signos de degeneración discal y signos Modic, pero las pruebas científicas disponibles no sugieren que, en esos pacientes, el dolor se deba a las alteraciones que reflejan los signos Modic (de hecho, sugieren lo contrario). Por lo tanto, de acuerdo con el conocimiento científico actualmente disponible, ni representan una enfermedad ni requieren tratamiento, y mucho menos cirugía.
Por otra parte, en los casos en los que se sospecha que el dolor lumbar crónico pueda tener un eventual origen infeccioso, el tratamiento antibiótico podría estar indicado como tratamiento del dolor debido a esa infección (ya sea por vía sistémica o por vía intradiscal), pero no como tratamiento de los signos Modic en sí mismos. Las pruebas científicas sugieren que, en esos casos, es posible que los antibióticos mejoren el dolor y el grado de discapacidad, aunque la magnitud media de esas mejorías es discreta, tal vez porque sea mejorable la selección de los pacientes en los que ese tratamiento estaría indicado. |